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Imputado desconocido


Disminuir la cantidad de imputados desconocidos aumentará la eficacia persecutora y sus condenas, lo que constituirá un aporte a la reducción de la delincuencia.

Ya es habitual que cada cierto tiempo la ocurrencia de algún delito de impacto reponga el debate público sobre la magnitud de la delincuencia, la eficacia del gobierno de turno, la difusión de los delitos y la sensación de inseguridad.

La delincuencia, aparte de ser una realidad atemorizadora, constituye una de las mejores herramientas de disputa de poder y fuente prolífica de populismo. Pero la mera pugna no aporta a avanzar en soluciones reales a quienes la sufren a diario. Los diagnósticos y la calidad de la información disponible permiten identificar algunos “nudos críticos” del sistema de seguridad que pretendo develar intentando aportar al debate con algunas propuestas para superarlos.

El nudo crítico #1 es la falta de eficacia persecutora tratándose de delitos contra la propiedad con “imputados desconocidos”.

Por imputado desconocido debemos entender aquel delincuente que ha cometido un delito y respecto del cual se ignora su identidad al momento del ingreso de la denuncia al Ministerio Público. Según las cifras de la Fiscalía Nacional, durante el 2014 ingresaron 589.841 denuncias por delitos contra la propiedad; de ellas, 118.631 tenían imputados conocidos y 471.210 con imputados desconocidos.

De las 471.210 denuncias por delitos contra la propiedad con imputado desconocido no se logró ninguna sentencia condenatoria. Esto revela -según palabras del propio Fiscal Nacional- “un fracaso de la persecución penal respecto de este tipo de delitos”; esto constituye una fuente de frustración y rabia de las víctimas contra el sistema; y actúa como incentivo para la comisión de nuevos delitos.

Así entonces, la reducción de los “imputados desconocidos” se torna urgente para mejorar la seguridad. Me aventuro a proponer algunas medidas: 1) Las policías deben adecuar sus sistemas de rondas preventivas a la detallada información delictual disponible sobre días, horas, lugares, tipos de delitos, potenciales víctimas y barrios de mayor ocurrencia delictual para disminuir sus tiempos de respuesta, enfrentar a los delincuentes, identificarlos y detenerlos. 2) Revisar normas legales y procedimientos sobre primeras diligencias policiales para mejorar la toma de prueba científica y testimonial destinada a identificar a los delincuentes. 3) Copiar buenas prácticas implementadas en las fiscalías regionales de Biobío y Metropolitana Centro Norte con metodología especial para persecución de delitos con “imputado desconocido”, lo que ha permitido aumentar sus identificaciones y su nivel de condenas. 4) Por último, propongo fortalecer la coordinación de las unidades de análisis criminal del Ministerio Público y de las policías para cruzar información que permita advertir oportunamente sobre delincuentes habituales o bandas de crimen organizado.

Disminuir la cantidad de imputados desconocidos aumentará la eficacia persecutora y sus condenas, lo que constituirá un decidido aporte a la reducción de este reducido pero prolífico número de delincuentes habituales que atemorizan a la población y hoy por hoy burlan el sistema persecutorio.