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El desafío del agua potable rural


Por un lado, Santa Bárbara, Tucapel y Mulchén. Por otro lado, Los Ángeles, Laja y Cabrero. Si hay un elemento común en dichas comunas es la aguda sequía que, con la cercanía del verano y las altas temperaturas, se cierne como un verdadero fantasma que amenaza con dejar a cientos de familias sin agua para su propio consumo, debiendo capear la emergencia por medio de camiones aljibe.

Ya sea en el secano precordillerano o en el secano interior, lo descrito revela, sin duda, un problema que azota con fuerza a la totalidad de las comunas de la provincia de Biobío, la misma que, hace sólo un par de décadas, con propiedad aseguraba contar con una provisión segura y permanente del vital elemento. Sin embargo, el paso de los años ha demostrado que las certezas de antes, ahora han devenido en incertidumbres.

Los efectos del cambio climático, la sobreexplotación de la cuenca y la intensiva forestación han perjudicado la disponibilidad de agua en ríos y esteros, tornando el recurso en un bien escaso y que, en consecuencia, se hace cada vez más urgente resguardar para hacer llegar a quienes realmente lo necesitan: las personas.

Por eso, asumiendo el compromiso de la Presidenta Michelle Bachelet para mejorar la calidad de vida de las comunidades rurales, hemos dado un enorme impulso a los programas gubernamentales que fortalecen la inversión en agua potable rural. En la región del Biobío, lo anterior se traducirá en una inyección de 45 mil millones de pesos, de los cuales el Ministerio de Obras Públicas aportará el 60%, mientras que la parte restante será entregada por el Gobierno de la Región del Bío-Bío.

Con este convenio de programación a cuatro años, se podrán ejecutar más de 200 proyectos de agua potable rural, representando un salto enorme con respecto de las 4 ó 5 iniciativas que antes se realizaban anualmente. Ese solo dato aporta una dimensión más precisa de la magnitud del compromiso que he asumido como senador de la zona, tomando en cuenta una realidad y buscando las mejores alternativas para solucionar los desafíos que representan.

Unido a la también cuantiosa inversión vial para retomar el ritmo de pavimentación de parte de las rutas de la trama rural de la provincia de Biobío, sin duda que serán pasos fundamentales para lograr que nuestras vecinas y vecinos de los sectores rurales tengan mejores condiciones de vida en sus propios hogares, sin verse forzados a buscar nuevos rumbos en las ciudades. El agua que para algunos constituye una expectativa, deberá ser objeto de un tratamiento serio, responsable, realista y solidario, donde la infraestructura de almacenamiento y la tecnologización de los sistemas de distribución constituyan pilares fundamentales de una “política hídrica” que termine con la indignidad de tener que esperar al camión aljibe para el consumo o el aseo personal de muchas familias de nuestra provincia.


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