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Cláusulas abusivas en contratos de adhesión


“Firme al final de cada una de las páginas del contrato”. Muchos de nosotros, al contratar un servicio, artículo o producto de venta masiva, nos hemos visto expuestos a la frase con la que se inaugura esta columna. Y es que los llamados contratos de adhesión se han ido implementando y consolidando a través del desarrollo del sistema económico, financiero y comercial imperante en nuestro país. Sin embargo, los contratos masivos, facilitadores por cierto del mayor dinamismo requerido por el mercado actual, presentan un dilema de no menor importancia: ¿es posible para ambas partes –incluso para el consumidor– manifestar expresamente su voluntad de manera libre y espontánea, tal como lo establece el Código Civil? La respuesta negativa parece ser evidente. En dichas circunstancias, la parte menos fuerte no podrá expresar su voluntad con amplia libertad, sino que deberá limitarse a aceptar o rechazar las condiciones arbitrarias propuestas por el proveedor. Empero, dicho consentimiento ha sido validado y justificado en relación a la operatividad del mercado masificado, en el entendido ético que el ya limitado consentimiento del consumidor recaía por cierto sobre cláusulas justas. Ahora bien, el lícito contrato de adhesión, ha visto contaminada su utilidad –la que por cierto no se discute– no ya en razón de su naturaleza, sino más bien por el actuar indebido de algunos agentes del mercado, que han visto ahí la oportunidad para introducir cláusulas abusivas, injustas e ilógicas. Por ejemplo, que un banco se declare exento de toda responsabilidad por errores o fallas de sus procesos o sistemas, no es absolutamente aceptable. Del mismo modo como no es aceptable la estipulación de mandatos irrevocables o la prórroga automática de contratos.