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¿Por qué una Nueva Constitución?


Se inició el proceso constituyente. Por primera vez en la historia de nuestra república, los ciudadanos podrán opinar sobre lo que esperan de un texto constitucional antes de que sea discutido por la institucionalidad. Encuentros locales, cabildos provinciales, regionales y seminarios conforman la amplia oferta para participar expresando visiones de sociedad. Un reciente sondeo arrojó que el 81% desconoce la importancia y contenido de la Constitución, excusa perfecta para quienes quieren echar abajo el proceso. Mientras, para nosotros constituye una oportunidad para retomar la formación cívica. Sin duda, es un enorme desafío para la autoridad, que deberá salir a explicar la importancia de la Constitución para la vida cotidiana de los ciudadanos y sus familias. El rol del Estado y la iniciativa privada en la economía (producción, servicios, pensiones, salud, educación); la forma de organizar la sociedad; los contrapesos democráticos; mecanismos de democracia directa; la organización territorial; la pluriculturalidad y los límites al legislador constituyen algunos de los contenidos de una constitución política, y son los que condicionan la vida diaria de nuestras familias. No es casualidad que cinco de los seis presidentes de la República post 1990 hayan promovido cambios constitucionales. La Constitución Política vigente se funda en valores y principios propios de un sector de la sociedad de los 80. Sus posteriores modificaciones fueron sobre las reglas constitucionales, pero no sobre sus principios y valores originales, que son justamente los utilizados recientemente por el Tribunal Constitucional (TC) para cuestionar normas que intentan hacerse cargo de los desafíos de la sociedad actual (relaciones laborales, concepto de familia, derecho a la vida, derechos reproductivos y sexuales, entre otros). La Constitución Política que tenemos no da cuenta de la realidad social, cultural, valórica, territorial y política del Chile actual, y negarse a un cambio constitucional es un intento infructuoso por perseverar en un texto excluyente que constituye un pilar de división en nuestra sociedad. No se pueden repetir los atropellos que se llevaron adelante al momento de la redacción del texto original, donde un sector del país impuso su visión de la sociedad. Debemos buscar puntos de encuentro en orden a la forma de organizarnos como sociedad. Toda constitución debe tener vocación de estabilidad basada en su legitimidad y carácter inclusivo, y no en lo pétreo de su mecanismo de cambio o reforma. Es por ello que deberá descartarse todo intento de imponer mayorías circunstanciales que, al corto andar, afecten el nuevo pacto social. En materia de derechos, el nuevo texto no puede limitarse a consignar una extensa lista de derechos, que en la práctica, como sociedad, no seamos capaces de garantizar. Probablemente usted no coincida con lo que he escrito. Lo importante es que se organice y lo exprese para que la autoridad lo sepa y pueda considerarlo en el nuevo texto. El valor de las ideas se plasma cuando éstas se expresan.