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Hacia un sistema de seguridad basado en evidencia


Hemos conocido los resultados de la nueva encuesta nacional de victimización (ENUSC). Objetivamente tenemos una buena noticia. La nueva encuesta otorgará al Estado de Chile la mejor información delictual de su historia. La autoridad conocerá más sobre delitos, intentos de delitos, incivilidades y las causas del alto miedo ciudadano. Todo ello en el entorno más cercano a las personas. Su comuna. Las políticas públicas modernas demandan de sus instituciones eficacia y eficiencia y, para ello, la calidad de la información disponible resulta determinante para no seguir financiando aquello que “no da resultados”. En la encuesta, los ciudadanos revelaron en detalle las “condiciones o factores de riesgo” que les causan alto temor. Surgió allí el concepto de “incivilidades o desórdenes”, hechos que sin ser necesariamente delitos, afectan la seguridad y causan miedo en la población. Balaceras, rotura de vidrios y otras situaciones que ocurren en el espacio público generan alto temor en el barrio donde ocurren, ya que a diferencia de los delitos que intentan pasar desapercibidos, éstos son visibles, generan un sentimiento de pérdida del espacio público y producen fricción e impotencia en las comunidades. Actos que rompen las reglas tácitas de nuestra convivencia, amenazan la inocuidad de nuestra relación con el espacio público, alterando su carácter previsible y pacífico. La teoría de las ventanas rotas de Wilson y Kelling nos demuestra que nuestro comportamiento es influenciado por los entornos en los que vivimos o transitamos. Allí donde impera el desorden, el abandono, la suciedad y el descuido las personas tienden a infringir de manera más frecuente la reglas que sostienen nuestra convivencia pacífica y los vecinos no están dispuestos a arriesgarse para hacerlas cumplir. Allí, la presencia de las instituciones públicas es escasa, tardía e ineficaz, lo que incrementa la sensación de impunidad y con ello se legitima la incivilidad y aumenta el temor. En contraste, en sectores limpios y cuidados nos comportarnos aceptando las restricciones que nos impone el orden del espacio público. Los desórdenes y las incivilidades están estrechamente relacionadas con la delincuencia y la violencia y, por lo tanto, deben ser abordados de manera sistémica por las políticas públicas. Esta nueva información disponible podría cambiar la métrica de las políticas públicas de seguridad. Desde una profunda revisión del inequitativo sistema de financiamiento municipal para mejorar zonas descuidadas o degradadas; la focalización de programas de prevención social (reinserción escolar, capacitación e inclusión laboral) para devolver “la esperanza” de un mejor vivir; y hasta la incorporación de las incivilidades en la metodología de distribución policial, podrían constituir cambios positivos en nuestra acción pública en pos de la seguridad. La calidad de la nueva información, y la decisión de utilizarla como herramienta de gestión, harán que las formas de prevenir y reaccionar frente a una incivilidad o delito sean integrales y basadas en evidencia y no en definiciones institucionales aisladas fundadas en supuestos, ello permitiría instalar metas de resultado colectivas propiciando finalmente la conformación de un verdadero “sistema integral de seguridad”.


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