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Las inversiones que Chile necesita


Conjugar los intereses locales con las inversiones que requiere el desarrollo del país es una tarea que difícilmente se puede lograr sin un proceso de participación ciudadana. Para hacerlo, se debe compatibilizar las justas demandas por empleos y mejor calidad de vida de las comunidades en el presente, con una matriz de inversiones que sustenten el sistema económico chileno en el futuro. Hace pocos días, La Higuera amaneció con banderas negras y neumáticos. El malestar de los vecinos revelaba la falta de oportunidades e infraestructura de la comuna y un precario mercado laboral que genera un escenario social complejo. El origen de la movilización, se activa por el rechazo institucional al proyecto de minera Dominga, que divide la opinión de los vecinos, entre quienes lo consideran como una oportunidad para mejorar sus condiciones de vida y quienes lo rechazan de plano por el impacto ambiental que la materialización de dicho proyecto conlleva. Recabando mayor información respecto a la iniciativa, los inversionistas señalan en su página web, que el proyecto desarrolla una versión mejorada de los sistemas de extracción y transporte del mineral, "inclusiva y transparente, en asociación con la comunidad y respetando el patrimonio ambiental e histórico del entorno que lo acoge". Sin embargo, a pesar de las bondades de su diseño, el regulador lo rechazó. En una votación empatada, la máxima autoridad de la Región de Coquimbo asumió la responsabilidad de su rechazo, argumentando la irreversibilidad de la decisión de autorizar proyectos mineros cuando en su etapa de explotación se generan conflictos sociales y medioambientales, los cuales en la práctica resultan ser más frecuentes que lo planificado en la etapa de diseño. Una justificación adicional se observa en la posición de rechazo de la autoridad, esto es la transferencia intergeneracional de riqueza. En una parte de su declaración señala: "Qué pasará cuando pasen los años y las futuras generaciones ya no tengan a quién pedirle explicaciones (…)". Sobre este último fundamento, vale la pena hacer algunas reflexiones. El proyecto viene a sumarse a un prolífico historial de inversiones en proyectos mineros, los cuales se sustentan en la explotación de recursos no renovables. El proyecto Dominga, en particular, en su etapa de diseño tiene una vida útil no superior a los 30 años. ¿Y después qué? ¿Cuál será la actividad económica que sustente la calidad de vida de las futuras generaciones en la Comuna de La Higuera? La historia de Chile ha conocido realidades dramáticas de pueblos mineros que, una vez agotado el yacimiento o perdido el interés del mercado para su comercialización, se ha generado el éxodo de sus habitantes (la minería del salitre, por ejemplo). Cuando la explotación de minerales se haga inviable, ¿Qué ocurrirá con las futuras generaciones del norte minero? La bonanza del salitre y el cobre, ¿Cuánto y en qué intensidad ha impactado en sectores económicos alternativas que sustenten la actividad económica de las próximas generaciones? El rechazo del proyecto Dominga, abre la oportunidad para retomar el análisis inconcluso respecto de las inversiones que Chile necesita. Sin tener a la mano datos duros, el sentido común señala que seguir sustentando el desarrollo económico en inversiones en sectores con recursos no renovables, es pan hoy y hambre mañana.