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¿Y el futuro cuándo?


Con mucha atención he seguido los diversos foros y debates presidenciales con el objetivo de lograr dilucidar cuales son las invitaciones, las improntas, las visiones sobre el futuro a los que los diversos candidatos y candidatas nos invitan como sociedad.

Lo que he podido observar, es que por una parte se presenta un diagnóstico apocalíptico sobre la actualidad, que contrasta con los recientes informes del Banco Mundial, de analistas internacionales, proyecciones económicas, indicadores de reactivación y opiniones editoriales de prestigiosas revistas internacionales. Allí se nos invita a un cambio. No sabemos con claridad hacia dónde, pues se pone el énfasis en lo táctico, mas no en lo estratégico.

Se habla de cerrar programas sociales (sin individualizarlos), de defender “el modelo” y de reducir la delincuencia con una batería de propuestas. Por otro lado, se observa un candidato que aprendió últimamente la necesidad de “defender las reformas” con un listado de iniciativas políticamente correctas para la izquierda y un tanto disruptivas para el centro.

Donde unos y otros coinciden es en la carencia de relato, de una impronta, de una épica sobre la cual depositar sus cientos de proyectos, planes y programas. No se observa una visión de sociedad a la cual nos inviten y donde nítidamente se contrasten las diferencias. Podríamos hacer un check list de cada uno de los planes y probablemente una parte considerable de las propuestas sean compatibles entre uno y otro candidato y nos impide optar por una visión diversa.

Otra coincidencia es en la carencia de propuestas para el futuro inmediato y de medio tiempo.

Ninguno habla de la nueva realidad laboral, donde los millenials duran en promedio 2,4 años por trabajo y ya no piensan en hacer carrera en una empresa. Nadie reflexiona sobre la necesidad de adecuar nuestra educación a los desafíos laborales que nos depara la irrupción de la robótica y la internet de las cosas. Nadie se hace cargo de los desafíos de mercado y de libre competencia que nos impone la economía colaborativa como Uber, Cabify y otros desarrollos. No se conocen propuestas de política pública para desalinizar el agua de nuestro mar como forma central de frenar la desertificación y generar zonas agrícolas productivas donde hoy no las hay.

La incorporación de valor agregado a la industria de la madera ¿Por qué no ser los principales productores de américa de paneles de madera para construcción en altura? ¿Algún candidato sabrá que las “tierras raras” podrían ser nuestro cobre o litio del futuro para el demandado mercado mundial en el desarrollo de tecnologías? ¿Quién está pensando en fomentar la formación técnica especializada en las nuevas tecnologías de transporte, astronomía, minería o agricultura para ser capaces de dar servicio técnico en Chile a productos altamente especializados?

Considerando las proyecciones mundiales sobre aumento de expectativas de vida ¿Puede un país soportar el pago de 30 o 40 años de pensiones a sus pensionados, cuando además su población envejece? ¿Será correcto seguir evaluando a colegios exclusivamente por el rendimiento de sus alumnos en lenguaje y matemáticas? ¿No sería adecuado también considerar el desarrollo de artes, ciencias y deportes como elementos de evaluación? Toda sociedad requiere potenciar sus talentos. Unos y otros hablan sobre programas públicos, pero ninguno se decide a enfrentar un esencial. La reforma del Estado como condición básica para que todo lo anterior resulte.

Necesitamos un Estado moderno, ágil, no capturado, orientado al resultado y con desarrollo de carreras y flexibilidad laboral que sea capaz de materializar las propuestas de los gobiernos de turno y comprender su relevancia en una sociedad recién en vías de desarrollo. Hoy que aparece impopular, me atrevo a pedir también que nuestros candidatos se atrevan a proponer apoyos a nuestros empresarios, a los pequeños, medianos y grandes que se arriesgan para generar trabajo y crecimiento. Necesitamos ayudarlos para que salgan a conquistar mercados y sean los mejores de nuestra región.

Necesitamos simplificar la “permisología para emprender y terminar con la sanción comercial para el que emprende y fracasa. La innovación es riesgosa por naturaleza y debemos crear un sistema de apoyo y fomento al emprendedor y al re emprendimiento.

En fin, hay muchas ideas de futuro que no han salido al debate, pero todas ellas deben ser parte de una visión de sociedad. Al decir de Solana “La política no puede ser mera gestión ni administración, es mucho mas que eso, tiene que ver con transmitir a la sociedad una visión de futuro y para eso hay que tenerla.”

Eso es lo que se extraña de esta campaña, una visión que nos invite a discutir el “hacia dónde vamos” y luego el “cómo”.