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Senadores Harboe y Lagos Weber llaman a reflexionar sobre identidad y futuro del PPD


Cobijar, representar y liderar los anhelos democráticos que urgía la sociedad en la década en los 80 en Chile, fue parte esencial de la formación del PPD.

El PPD se identifica con el resurgimiento de un espacio que fue capaz de reunir a todos los que querían terminar con la dictadura y empezar un camino nuevo en democracia, sosteniendo la igualdad de oportunidades y la justicia social como sus principales banderas.

Como PPD hemos sido los que consideramos que junto a derechos de nueva generación, promovemos el crecimiento en sintonía con la protección ambiental y los derechos de los trabajadores y de los ciudadanos; en otras áreas, somos defensores de identidad y orientación sexual, igualdad de género, migración, la importancia de las nuevas tecnologías en nuestro desarrollo o el resguardo debido de los datos e información personal, como un derecho esencial de la persona.

Creemos en un Estado vigoroso, transparente y solidario que tengan certezas jurídicas que nos permitan ir avanzando en más protección social. Necesitamos un Estado que deje crecer las actividades de desarrollo para el país, pero que sea capaz de fiscalizar con reglas claras a quienes invierten y dando certezas a toda la ciudadanía sobre sus derechos.

Baste recordar los debates de los compañer@s Vicente Sota, Armando Jaramillo, René Abeliuk o Laura Soto por la “identidad” del PPD. Liberales, socialistas, ex comunistas, sociales demócratas, social cristianos confluían en un espacio donde el debate era posible y la diversidad se entendía como un valor.

La crisis electoral y la debacle del PPD

Sin embargo, en la actualidad el PPD enfrenta un nuevo y complejo escenario, el cual nos debe llevar a reflexionar sobre las causas de nuestra derrota electoral y las consecuencias de ella. Desde el punto de vista de las razones, es factible advertir que nuestro declive electoral ya venía manifestándose en las últimas elecciones. Si bien en la anterior elección parlamentaria el PPD obtuvo una bancada de 15 diputados, no se puede desconocer que el porcentaje de votación se vio subsidiado por el sistema binominal. Por eso es que algunos desde siempre apoyamos la idea de modificar el binominal, ya que veíamos que eso impedía hubiese más participación que puedan hacer crecer nuevas fuerzas ciudadanas.

En la elección municipal del año 2016 nuestro retroceso fue evidente. Por más que algunos intentaran relativizar nuestra derrota, lo cierto, es que perdimos alcaldías emblemáticas y disminuimos en representación de alcaldes y concejales.

¿Era previsible esta derrota? Nadie previo al 19 de noviembre dijo que tendríamos un resultado así. Ahora, cuando una mira para atrás y busca las causas, si, lo era. Nos dimos cuenta que nuestro partido fue involucionando con el tiempo.

¿Qué nos pasó? Nos fuimos transformando en un partido de gobierno. Nuestros mejores compañeros y compañeras se instalaron en el Ejecutivo y en el Congreso Nacional, pero nos olvidamos de la formación política de las nuevas generaciones y de la importancia que requería el fortalecimiento de la estructura partidaria. Esto provocó que unos pocos comenzaron a trabajar con la militancia de base, algunos por convicción y otros por conveniencia.

De esta manera, comenzó a ser importante manejar la “maquina interna” para obtener cuotas de poder. Se configuraron “lotes” que ya no respondían a visiones ideológicas diferentes, sino más bien a expectativas de poder incompatibles entre sí. El germen del caudillismo y el clientelismo, las malas prácticas, el abuso del poder, la comodidad de los cargos ejecutivos, la distancia con los ciudadanos y la “tecnocratización” de la estructura gubernamental comenzó a distanciarse de la estructura partidaria. Algunos de aquellos aspectos dieron comienzo a la debacle.

Con posterioridad vinieron los escándalos que remecieron la política nacional originados por: cartas, publicam, PGE, Soquimich o los que obligaron a las modificaciones legales del 2003 y, en cada uno de ellos siempre estuvo involucrado el PPD. Nuestra imagen comenzó a decaer ante la opinión pública, pero como seguíamos siendo parte del gobierno o teníamos municipios o congresistas, no fue importante enfrentar dichos temas. Esa imagen decayó no sólo por los hechos en si, sino que también, por no exigir responsabilidades políticas o buscar respuestas fundadas frente a los acontecimientos que ocurrían.

Nuestras elecciones internas también ayudaron a fundar esa mala imagen, ya que fueron expresión de las mayores disputas y también de las peores prácticas. Las irregularidades electorales se tornaron una actividad permanente, tales como: votaciones abultadas, lugares de votación inexistentes y urnas que se abrían con votos ya marcados. Quienes osaron a denunciarlas nunca lograron el efecto esperado, sus denuncias eran en vano, puesto que la institucionalidad interna no estuvo a la altura de las problemáticas o derechamente omitieron a sabiendas toda norma interna.

Por otra parte, los electores en los últimos dos procesos electorales han hablado fuerte y claro. Perdimos la apuesta electoral que definió un grupo pequeño de dirigentes partidarios y que hoy estamos pagando las consecuencias.

Ideológicamente hablando, nuestro partido se fue reduciendo. El valor de la diversidad fue poco a poco calificándose de “un problema”. Las definiciones ya no eran producto del debate colectivo, sino que dependían de los liderazgos de turno. Las posiciones institucionales fueron dejadas de lado y más bien se instalaron definiciones personalistas de un senador, diputado o ministro(a). Quienes opinaban distinto al líder de turno eran rápidamente silenciados. Se extinguió la diversidad de miradas que iban desde las visiones liberales sobre diversos temas aportadas por compañeros y compañeras y se impuso una visión más restringida en las llamadas progresistas.

Luego vino el viraje a la izquierda. Se decidió direccionar al Partido hacia la izquierda (sin mucho fundamento) e ir a disputar el electorado del PS e incluso del PC. Así entonces quienes manifestamos la necesidad de no abandonar el centro social, al mundo liberal y laico, fuimos tildados de “poco progresistas”.

Algunos trataron de hacer ver que se quería derechizar al partido, sin embargo, no se trataba de girar al PPD hacia ese sector, sino que de no reducir su ámbito de influencia pública. En nuestra opinión, se trataba de seguir otorgándole domicilio político a quienes, sin ser socialistas, pero siendo valóricamente liberales se denominaban progresistas. Nuestro propósito fue atraer a quienes creen que el Estado debe actuar en ciertas áreas, pero que a la vez, también se considere a la iniciativa privada como uno de los eje central del desarrollo social y democrático. Consideramos que junto al mayor gasto de los recursos públicos, debíamos crecer en nuestra productividad para que como país podamos seguir logrando el desarrollo social.

Por lo anterior, nuestro ámbito de influencia se fue reduciendo y abandonamos temas relevantes para los ciudadanos. El Partido abandonó los temas de seguridad ciudadana, salud y su infraestructura, acceso a la justicia, desconociendo que los más afectados son los más vulnerables. En definitiva, junto con algunas miradas de temas social, abandonamos el crecimiento, la productividad, emprendimiento y la innovación.

Debemos volver a pensar en esta nueva sociedad inmersa en un contexto mundial fuertemente globalizado, el que ha cambiado y que sus expresiones de poder fácticas son decisivas e impactan en la decisiones nacionales. Consideramos que se debe volver a integrar al Estado de Chile en relaciones internacionales que se encuentren en sintonía con las actuales tendencias económicas mundiales.

Para que referirnos al escenario internacional, el PPD dejó de ser un actor predominante en la escena progresista y social demócrata latinoamericana y mundial.

Es por ello que debemos volver a tener la capacidad de liderar el nuevo orden social, político y cultural de Chile, comprendiendo los nuevos retos que nos depara esta cuarta revolución industrial, la tecnológica. Fundamentalmente, no debemos cometer errores como la negociación y concesión del Lito, sólo por dar un ejemplo, proceso que nos dejó un sabor amargo.

El PPD y los derechos sociales

Los derechos sociales que hemos logrado durante más 25 años, para la ciudadanía ha sido posible al crecimiento económico y en esto son muchas las y los compañeros que han participado en la labor de los gobiernos.

Hemos sido pilares de gobiernos que han alcanzado una etapa histórica de crecimiento económico, basado en el reconocimiento y debido cuidado de la alianza público-privada. Las inversiones extranjeras, el auge de nuestras exportaciones, el establecimiento de nuevas y mejores empresas en los diversos rubros, la creciente incorporación de nuevas tecnologías, son parte de nuestro legado partidario dentro de las administraciones del Estado, en las cuales el PPD ha sido eje central.

Crecimiento y equidad son parte de nuestro camino para arribar al desarrollo sustentable que Chile precisa y así consolidarse como un Estado social y democrático de derecho.

El PPD es el mismo partido que logró poner temas en la agenda pública que nuestra sociedad no se había planteado institucionalmente, hasta ese momento. La necesidad de terminar con la discriminatoria calificación de hijos naturales e ilegítimos; la interrupción del embarazo, el cuidado y protección del medio ambiente, la diversidad sexual, las brechas de género, el divorcio, los consumidores, la descentralización, fueron algunas de nuestras banderas.

En la actualidad varias de dichas banderas son políticas públicas vigentes y se nos olvida, pero en momentos de crisis es conveniente recordar que fuimos agentes protagónicos impulsando aquellos temas cuando nadie creía en los mismos y, hoy constituyen el piso mínimo de convivencia social en Chile.

En este camino debemos sumar a todas las personas que hace 25 años creyeron en nosotros y convocarlas para seguir trabajando en este ideario común: libertades políticas, civiles y culturales, igualdades de derechos sociales, económicos, bajo un Estado solidario, promotor de las alianzas público-privadas que aseguren el crecimiento inteligente y sustentable de nuestra economía.

Finalmente

En este documento no se abordan los grandes desafíos de la sociedad chilena ni los cambios que han tenido lugar en ella, que pretenden que un partido que pretende liderar debe hacerse cargo. No abordamos los temas de largo plazo como el medio ambiente o el desarrollo sostenible. No hablamos de los desafíos de la inteligencia artificial. No hablamos del rol de Chile en el contexto internacional. No hablamos de las brechas de desigualdad y como abordarlas. Porque creemos que en esos temas vamos a tener un consenso bastante amplio en el PPD. Lo que ocurre es que si no abordamos las dificultades mencionadas previamente en este documento no alcanzarán a satisfacer las demandas de una ciudadanía que clama por partidos abiertos transparentes y claros.

Nuestra propuesta

Debemos sumar a las nuevas generaciones, ávidas de innovadoras y mejores respuestas a los desafíos del futuro de la democracia moderna que ha puesto en jaque la representación política, abriendo para ello las puertas y ventanas del PPD a estos nuevos aires ciudadanos.

En el período histórico que nos corresponde vivir dentro del PPD, debemos asumir esta responsabilidad como un desafío complejo, inédito, fraternal, participativo, que convoque nuestra vocación de servicio público, que proyecte los ideales democráticos que nos unen, por el futuro de nuestro partido y bien de Chile.

La reciente derrota electoral nos debe llamar a una profunda reflexión respecto de lo que fuimos, lo que somos y lo que debemos ser para el nuevo Chile. No se trata de una nostalgia por el pasado, sino de una expectativa sobre un presente distinto y un futuro aún más desafiante.

Nuestra situación actual es crítica. En la Cámara de diputados corremos el riesgo de la intrascendencia debido a la escasa influencia política. Seremos oposición por lo que el “asistencialismo laboral” no existirá. Es hora, entonces, de asumir la profundidad de nuestra derrota. Nos dijeron NO a la izquierdización, nos dijeron NO a las malas prácticas y nos dijeron NO a la falta de base social.

Por tanto, propondremos en un voto político:

  1. Comisión de coordinación y análisis para un Congreso programático.

  2. Definición de una Comisión electoral con las destrezas necesarias.

  3. Elecciones competitivas, transparentes y ajustadas a la normativa.


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