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Viñateros: De la crisis a la asociatividad


La creación de la región de Ñuble permitió visibilizar nuestra realidad social y los desafíos de nuestra zona. Dentro de ellos, la crisis de los productores del vino del Valle del Itata constituye un imperativo ético del cual debemos hacernos cargo. En ese escenario, nuestra condición de región es una oportunidad histórica para revertir dicha crisis.

Como provincia dependiente del gran Biobío, esto nunca fue tema de focalización de recursos ni desarrollo de planes integrales para cambiar la condición estructural de pobreza del Valle del Itata. No obstante, el Plan de Zonas de Rezago, permitió coordinar la inversión pública en la zona, hacer diagnósticos y proponer caminos de solución. Hoy al ser región, debemos implementar dichos caminos, con una planificación de corto, mediano y largo plazo, con un sistema de monitoreo de implementación y gestión cuantificable y evaluaciones asociadas a resultados y no sólo a coberturas.

Así, la existencia de cerca de 5.000 productores de vino en el Valle del Itata, con un promedio de 2.5 hectáreas que producen 40 millones de kilos de uva, pero se comercializan sólo cerca de 5,5 de ellos, constituye una riqueza cultural de la zona y representa la perseverancia de nuestros viñateros, pero es una fuente de dispersión inexplicable en nuestro modelo económico.

Esto constituye una ventaja comparativa para el comprador, quien al negociar 1/1 posee mayor capacidad para condicionar precios. La falta de infraestructura de almacenaje, conservación o elaboración es otra ventaja del comprador. En una economía competitiva donde las ventajas productivas o comerciales equivalen a ingresos para quienes las ostentan, no creo que los viñateros del Itata estén en condiciones de dejar en la mesa una cantidad significativa de recursos.

Por ello, es que una primera aproximación debe ser el fortalecimiento de la asociatividad para optimizar procesos y aumentar su poder negociador de precios. Debemos potenciar la formación de cooperativas que agrupen a números razonables de productores, dotarlos de infraestructura para almacenar y procesar sus productos y finalmente apoyarlas en su cadena de comercialización. Así, las ventajas que hoy tienen los compradores, se traspasarán a los productores cooperados y su poder de negociación de precios será mayor, por tanto, sus ingresos individuales serán mayores. Es decir, ganan todos.

Este proceso requerirá de apoyo especializado. Para ello he contactado a la Asociación Nacional de Cooperativas de Chile, quienes junto a Copelec, acompañarán el proceso de formación de cooperativas de viñateros bajo la coordinación del Ministerio de Agricultura. Esto implicará un cambio cultural, donde la confianza entre productores y la profesionalización de los procesos serán los esfuerzos iniciales. Luego, se requerirá de inversión pública a través del INDAP, CORFO y Gobierno Regional para financiar infraestructura necesaria.

Después vendrá la etapa de asesorarlas en el proceso de apertura de nuevos mercados con la experiencia de PROCHILE. Es decir, orientar los esfuerzos del sector público para crear un círculo productivo virtuoso basado en la asociatividad.

Creamos la región de Ñuble para ayudar a un mejor vivir de nuestros habitantes. Los viñateros constituyen un patrimonio de nuestra región y, al decir de un importante enólogo internacional, pueden convertirse en el sustento de la región por sus características y cotización internacional. El tema es ser capaces de orientar los esfuerzos y poner las mejores capacidades y voluntades para transformar esta crisis en una oportunidad.