Pobreza y desiguadad, los desafíos de la región de Ñuble

27/08/2018

 

 

Cuando apoyé la creación de la región de Ñuble, sospechaba que las particularidades del territorio y su gente no estaban siendo adecuadamente atendidas por la estructura administrativa del Biobío. Mi sospecha se confirmó con los resultados de la Encuesta Casen 2017, donde Ñuble aparece como la segunda región con mayor del país, liderando el índice de pobreza extrema y reflejando un aumento en su brecha de ingresos.

 

Los datos revelan que los ingresos de 74 mil personas no superan la línea de la pobreza; de las cuales, más de 21 mil están en situación de pobreza extrema. Si bien la pobreza por ingresos disminuyó en 14 regiones respecto al 2015, se muestra un aumento de la pobreza multidimensional (considera variables adicionales como educación, salud, trabajo, seguridad y conectividad). También aumentó la brecha de ingresos, como consecuencia de un precario desarrollo en la generación de empleos de calidad. 

 

En mis cuatro años como senador por la circunscripción de la octava cordillera, he recorrido cada rincón de las tres provincias que me corresponde representar. En Ñuble, tenemos realidades diversas. Tenemos nueve comunas declaradas como zonas de rezago (Cobquecura, Coelemu, Ninhue, Portezuelo, Quirihue, Quillón, Ránquil, San Nicolás y Trehuaco), por su escasa capacidad de creación de empleos, falta de infraestructura para la competitividad y generación de oportunidades. 

 

Después de escuchar las inquietudes y anhelos de las comunidades residentes, estoy convencido que la nueva región hará que Ñuble enfrente con éxito la lucha contra de la pobreza al focalizar mejor sus recursos públicos y tener una estrategia de desarrollo regional inclusiva, que se haga cargo de los multi desafíos del territorio. Debemos preparar a Ñuble para dar pasos hacia un modelo de desarrollo territorial centrado en la agricultura familiar campesina, el crecimiento y la consolidación de la pequeña y mediana empresa local, el desarrollo del turismo sustentable y de servicios tecnológicos.

 

Derrotar la pobreza extrema y disminuir la brecha de ingresos, son tareas de relevancia en la política pública regional. Tenemos el deber ético de apoyar a esas 74.000 familias que viven en condiciones de pobreza; pero también a quienes corren el riesgo de engrosar dicha cifra. Para ello debemos diseñar una estructura de apoyo al emprendimiento, la asociatividad, la creación de valor y la formación continua como herramienta de superación personal y laboral. Junto a ello,  debemos ser capaces de preservar el patrimonio rural de Ñuble, buscando la sustentabilidad de los hogares campesinos. Pero no debemos aceptar que ruralidad sea sinónimo de falta de servicios, infraestructura y bienestar. Podemos ser rurales y desarrollados. 

 

Junto a ello, debemos ser capaces de planificar infraestructura para mejorar las condiciones de vida de miles de familias que habitan en el sector urbano de nuestra región. Debemos hacernos cargo de las externalidades negativas de la contaminación, que espantan la llegada de familias e inversiones a nuestra región. Ahí también hay un desafío de envergadura.

Cobijo la esperanza que, para estas tareas, seremos capaces de sumar manos, corazones e inteligencia de los actores públicos y privados, para alcanzar un progreso sostenido para las actuales y futuras generaciones de la Región de Ñuble. 

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